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Recuerdo ver a mi madre tostar café pasilla; era un café humilde, pero su aroma llenaba cada rincón. Ella lo intercambiaba en el mercado por otros productos, y era tan apetecido que, desde pequeña, imaginaba que algún día ese café llegaría a muchas más personas. Esa semilla de curiosidad creció conmigo.
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Para honrar esa herencia, decidí formarme como Agrónoma, enfocando mi vida en entender cada detalle del grano: desde la biología del cultivo hasta la mejora de su calidad y productividad.
Este proyecto no es solo mío; es un camino compartido. Mi esposo se unió con la misma pasión por la tierra y el cultivo, y nuestra hija ha integrado su visión moderna desde el marketing y la publicidad, permitiéndonos proyectar nuestra esencia al mundo digital. Así, logramos unir tres pilares fundamentales: tradición, conocimiento técnico y visión de futuro.
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Vendemos este café porque creemos en el potencial de nuestra tierra. Seleccionamos exclusivamente café de Nariño, cultivado en las faldas del Volcán Galeras. Esta ubicación privilegiada le otorga características únicas:
Delicadas notas dulces.
Cada grano es producido de manera responsable con el medio ambiente y sometido a procesos de tostión y molienda meticulosos para asegurar que el potencial de la montaña llegue intacto a tu taza.
Somos una familia caficultora de Sandoná, donde cada miembro aporta lo mejor de sí:
Producción y Calidad: Liderada por mi formación en agronomía.
Cuidado del Cultivo: La pasión y dedicación de mi esposo en el campo.
Conexión y Marca: La creatividad de nuestra hija que nos acerca a ti.
El Futuro del Proyecto: Nuestro hijo, quien se esfuerza en sus estudios para innovar y asegurar que este sueño familiar siga creciendo.
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